El Palacio Nacional está abierto a hijos y nietos de empleados para recorrer sus monumentos
El Palacio Nacional abrió sus puertas este viernes a un grupo muy particular de visitantes: hijos y sobrinos de colaboradores de la Vicepresidencia de la República y de los ministerios de la Presidencia y Administrativo de la Presidencia. La jornada permitió que los niños y jóvenes se acercaran, de una manera entretenida y educativa, a la historia, la arquitectura y las funciones de uno de los edificios más representativos de la vida institucional dominicana.
Durante aproximadamente dos horas, los visitantes recorrieron algunos de los principales espacios de la Casa de Gobierno y pudieron conocer de cerca salones que habitualmente aparecen asociados a decisiones de Estado, encuentros diplomáticos, ceremonias oficiales y acontecimientos de relevancia nacional. Esta vez, sin embargo, los protagonistas fueron los más jóvenes, quienes cambiaron por unas horas las aulas y los espacios cotidianos por un edificio donde la historia parece haberse quedado a vivir entre columnas, salones y retratos.
El Palacio Nacional cuenta con 18,000 metros cuadrados de construcción levantados sobre un solar de 25,000 metros cuadrados. Su edificación comenzó el 27 de febrero de 1944, una fecha cargada de simbolismo porque coincidió con la celebración del primer centenario de la República Dominicana. Tres años después, el 16 de agosto de 1947, la imponente construcción fue inaugurada oficialmente.
Desde entonces, el edificio ha sido escenario de buena parte de la actividad institucional del país. Su arquitectura y distribución responden a las funciones propias de una sede gubernamental, pero también han convertido al Palacio en un espacio de valor histórico y cultural. Allí se han producido reuniones, ceremonias, recepciones y decisiones que forman parte de la memoria política dominicana.
La edificación está distribuida en tres niveles, cada uno con funciones específicas. En el primer piso se encuentran las áreas destinadas a los servicios generales. El segundo nivel concentra algunos de los espacios centrales de la actividad gubernamental: allí están la entrada y el vestíbulo principal, el Salón del Consejo de Gobierno y los despachos del presidente, la vicepresidenta y otros funcionarios.
El tercer nivel, por su parte, alberga los grandes salones destinados a recepciones y actividades oficiales. Son espacios concebidos para recibir delegaciones, representantes diplomáticos y personalidades nacionales e internacionales, pero durante esta visita adquirieron otro carácter: fueron aulas improvisadas de historia para un grupo de niños que tuvo la oportunidad de descubrir cómo funciona, por dentro, uno de los símbolos más reconocibles del Estado dominicano.
El recorrido comenzó en el Salón del Consejo de Gobierno, uno de los espacios de mayor importancia dentro del Palacio Nacional. Es allí donde el presidente de la República suele reunirse con sus ministros para analizar asuntos de interés nacional y adoptar decisiones relacionadas con la gestión del Gobierno.
Los jóvenes visitantes conocieron detalles sobre la historia del salón, cuya decoración responde a un estilo colonial americano, y observaron los retratos de antiguos presidentes dominicanos que forman parte de su ambientación. Pero la visita no se limitó a mirar y escuchar. Para convertir la experiencia en algo más cercano, los niños participaron en una dinámica en la que simularon formar parte de un Consejo de Gobierno.
La actividad permitió que los pequeños asumieran, por un momento, el papel de quienes tienen la responsabilidad de analizar problemas y buscar soluciones. Entre los temas que abordaron estuvieron algunas cuestiones ambientales y relacionadas con el transporte terrestre. Puede parecer un juego, y lo era, pero también funcionó como una pequeña lección de ciudadanía: gobernar no consiste solamente en ocupar una silla alrededor de una mesa; implica escuchar, discutir, proponer y pensar en el bienestar colectivo.
Después de conocer el espacio donde se desarrollan reuniones de alto nivel, los visitantes se trasladaron al Salón de los Embajadores. Este lugar tiene una función particularmente importante dentro del protocolo diplomático dominicano, pues allí el presidente de la República recibe las cartas credenciales de los representantes diplomáticos extranjeros acreditados ante el país.
También en este salón los niños tuvieron la oportunidad de recrear la ceremonia. La simulación permitió explicarles, de manera sencilla y participativa, cómo funciona uno de los actos más formales de las relaciones internacionales. Por unos minutos, los visitantes dejaron de ser espectadores y se convirtieron en protagonistas de una pequeña representación diplomática.
El recorrido continuó por el Salón Las Cariátides, otro de los espacios emblemáticos de la sede presidencial. En la actualidad, este salón es utilizado principalmente para la realización de LA Semanal, encuentro encabezado por el presidente Luis Abinader junto a funcionarios de su Gobierno y representantes de los medios de comunicación.
En ese espacio se realizan anuncios, se presentan informaciones de interés público y se responden preguntas de periodistas. Para los niños, conocerlo significó descubrir que los lugares que ven en las transmisiones de televisión también tienen una historia y una función concreta dentro de la estructura del Gobierno.
La visita permitió así conectar dos mundos que normalmente parecen separados: el de los grandes acontecimientos nacionales y el de la curiosidad infantil. Lo que para un adulto puede ser simplemente un salón institucional, para un niño puede convertirse en una puerta hacia una pregunta: ¿qué ocurre aquí cuando las cámaras se apagan? ¿Quién toma las decisiones? ¿Cómo se organiza un Gobierno? ¿Por qué estos espacios tienen tanta importancia?
Los familiares de los colaboradores también conocieron otros espacios destacados del Palacio Nacional, entre ellos los salones Hermanas Mirabal, Verde y de Banquetes. Cada uno forma parte de la arquitectura y de la historia funcional de la sede gubernamental, y su inclusión en el recorrido permitió ampliar la mirada de los visitantes sobre el edificio.
El Salón Hermanas Mirabal, además de su valor simbólico por llevar el nombre de las tres hermanas que se convirtieron en referentes de la lucha democrática dominicana, forma parte de los espacios que ayudan a conectar la sede del Gobierno con episodios y figuras importantes de la historia nacional. Los salones Verde y de Banquetes, por su parte, completaron el recorrido por las áreas destinadas a encuentros, recepciones y actividades oficiales.
La experiencia tuvo, por tanto, un componente que fue más allá del simple recorrido arquitectónico. Los visitantes pudieron acercarse a la historia de la República Dominicana desde un escenario que ha sido testigo de numerosas etapas de la vida institucional del país.
El Palacio Nacional, inaugurado en 1947, no es solamente un edificio administrativo. Sus paredes han visto pasar presidentes, ministros, diplomáticos, funcionarios y delegaciones extranjeras. Ha sido escenario de decisiones trascendentales y de ceremonias solemnes. Pero durante esta jornada tuvo una tarea distinta: enseñar.
Y quizá ahí estuvo el mayor valor de la visita. La historia puede parecer distante cuando se presenta únicamente como una sucesión de fechas y nombres. Cuando se camina por los mismos espacios donde ocurrieron determinados acontecimientos, en cambio, adquiere otra dimensión. Se vuelve más tangible, casi como si el pasado dejara de ser una fotografía para convertirse en una habitación que uno puede recorrer.
La actividad ofreció a los hijos y sobrinos de los colaboradores una oportunidad para conocer un patrimonio que pertenece a todos los dominicanos. También permitió mostrar que los edificios públicos pueden cumplir una función educativa y acercar a las nuevas generaciones a las instituciones del Estado.
Entre salones de gobierno, ceremonias diplomáticas, retratos presidenciales y dinámicas infantiles, el Palacio Nacional recibió una visita distinta a las habituales. Por unas horas, la solemnidad del poder cedió espacio a la curiosidad de los niños. Y quizá sea una buena combinación: porque un país que quiere comprender su historia necesita enseñar a sus nuevas generaciones dónde ocurrió, cómo se construyeron sus instituciones y por qué vale la pena conocerlas.


