AGRICULTURA

Ministro de Agricultura recorre las instalaciones de Goya Santo Domingo y se familiariza con sus procesos de producción, manufactura y distribución

El ministro de Agricultura, Francisco Oliverio Espaillat, visitó las instalaciones de Goya Santo Domingo con el propósito de conocer de primera mano cómo funciona una de las empresas vinculadas a la industria de alimentos con presencia en el país y observar, desde el interior de sus operaciones, la conexión entre la producción agrícola, la manufactura, el almacenamiento y la distribución. La visita permitió acercar dos mundos que muchas veces se observan por separado, aunque en realidad dependen uno del otro: el campo que produce las materias primas y la industria que las transforma para llevarlas finalmente a los consumidores.

Durante el recorrido, el funcionario conoció distintas áreas de la planta y pudo observar los procesos empleados para la elaboración de productos como leche de coco, sofrito, gandules y mermelada de guayaba. También recibió explicaciones sobre las etapas posteriores a la manufactura, relacionadas con el almacenamiento y la distribución. En una industria donde cada producto debe recorrer una larga cadena antes de llegar a una mesa, lo que ocurre dentro de una planta de alimentos es casi una coreografía: materia prima, procesamiento, controles, almacenamiento y logística deben moverse en el orden correcto. Si una pieza falla, toda la cadena puede resentirse.

La jornada comenzó con una presentación ofrecida por ejecutivos de Goya Santo Domingo, quienes compartieron con el ministro detalles sobre la trayectoria de la empresa en República Dominicana, donde mantiene operaciones desde 1971. Durante la exposición también fueron abordados aspectos relacionados con la infraestructura industrial, la capacidad logística, la cantidad de trabajadores y el alcance comercial de la compañía.

De acuerdo con las informaciones ofrecidas, Goya Santo Domingo dispone de un catálogo superior a los 2,500 productos y cuenta con aproximadamente 550 colaboradores distribuidos entre las áreas de producción, administración y distribución. Estas dimensiones permiten apreciar el peso que puede alcanzar una operación industrial cuando se conecta de manera eficiente con las redes de abastecimiento y comercialización. No se trata solamente de producir alimentos; detrás de cada producto existe una estructura de personas, instalaciones, transporte, almacenamiento y planificación que debe funcionar prácticamente como un reloj.

Los ejecutivos también destacaron las condiciones estratégicas de la ubicación de la empresa y las ventajas que esta representa para movilizar sus productos hacia distintos mercados. En el comercio de alimentos, la logística puede ser tan determinante como la propia capacidad de manufactura. Un producto puede estar perfectamente elaborado, pero si no llega a tiempo, en condiciones adecuadas y al destino correcto, la eficiencia industrial pierde buena parte de su sentido.

Uno de los aspectos de mayor interés durante la visita fue la utilización de materias primas de origen agrícola. Entre los principales productos empleados en los procesos de la empresa se encuentran el coco, los gandules, la guayaba y el mango, cultivos que forman parte de la producción agropecuaria dominicana y que encuentran en la industria alimentaria una vía para agregar valor.

En particular, los representantes de Goya Santo Domingo explicaron que parte de los gandules utilizados por la compañía son adquiridos a productores de distintas provincias de la región Sur del país. Este vínculo resulta especialmente relevante desde la perspectiva de las políticas agropecuarias, porque muestra cómo una producción que comienza en una finca puede incorporarse posteriormente a una cadena industrial mucho más amplia.

Ahí aparece una de las grandes oportunidades del sector agropecuario dominicano: no limitarse a producir materias primas, sino fortalecer las conexiones entre agricultores, industrias y mercados. El campo puede producir; la industria puede transformar; la logística puede conectar; y el mercado puede convertir todo ese esfuerzo en ingresos. Cuando esas piezas trabajan juntas, la agricultura deja de ser únicamente una actividad primaria y comienza a funcionar como parte de una cadena de valor capaz de generar mayor riqueza y oportunidades.

Para el Ministerio de Agricultura, conocer estos procesos también permite identificar las necesidades y posibilidades que existen en la relación entre el sector productivo y la industria. La demanda de materias primas nacionales puede representar una oportunidad para los agricultores, siempre que existan condiciones adecuadas de calidad, volumen, regularidad y comercialización. La industria, por su parte, necesita proveedores capaces de responder de manera constante a sus requerimientos.

El desafío consiste precisamente en acercar esas necesidades. Una industria que demanda determinados productos agrícolas puede convertirse en un mercado estable para productores nacionales. Pero para que esa relación sea sostenible se requiere planificación, asistencia técnica, productividad y mecanismos que permitan cumplir con los estándares exigidos. La agricultura, en ese sentido, no termina cuando se recoge la cosecha; muchas veces es allí donde comienza otra parte de la historia.

Después de la presentación, el ministro Espaillat realizó un recorrido por diferentes áreas de Goya Santo Domingo. Entre los espacios visitados estuvieron la planta de producción, los almacenes, el patio de contenedores, el centro de distribución y otros departamentos vinculados con las operaciones de la compañía.

El recorrido permitió observar la dimensión logística que acompaña a la elaboración de alimentos. Los productos deben ser procesados, organizados, almacenados y posteriormente movilizados hacia los distintos puntos donde serán comercializados. Cada etapa requiere coordinación y controles para preservar la calidad y garantizar que el producto pueda llegar al consumidor en las condiciones previstas.

La visita también puso de relieve la importancia de la industria alimentaria para el desarrollo económico nacional. Empresas de este tipo no solo participan en la fabricación y comercialización de alimentos; también generan empleos, demandan servicios, utilizan materias primas, movilizan transporte y forman parte de una red económica que involucra a numerosos sectores.

Desde esa perspectiva, el acercamiento entre las autoridades agrícolas y las empresas procesadoras puede contribuir a construir una visión más integrada de la producción nacional. El Ministerio de Agricultura puede conocer mejor las demandas de la industria, mientras las empresas pueden identificar oportunidades para incrementar el uso de materias primas producidas localmente. El objetivo final debería ser que una proporción cada vez mayor del valor generado por los alimentos permanezca dentro del país.

Espaillat estuvo acompañado durante la visita por el viceministro de Asuntos Científicos y Tecnológicos, Rafael Antonio Ortiz Quezada, y Manuel González, conocido como “Manegonte”. Por parte de Goya Santo Domingo participaron Ángel Bautista, gerente general y vicepresidente; Alejandro Franco, gerente administrativo, y José Pérez, gerente de Almacenamiento y Distribución.

Más allá del protocolo habitual de una visita institucional, el recorrido deja sobre la mesa una cuestión fundamental para el futuro del sector agropecuario dominicano: cómo lograr que el productor, la industria y el mercado estén cada vez más conectados.

Porque entre un gandul cultivado en el Sur y una lata colocada en un supermercado existe mucho más que una máquina de procesamiento. Hay agricultores, trabajadores, técnicos, transportistas, almacenes, inversiones y decisiones empresariales. La cadena es larga, pero también lo es la oportunidad.

El reto para la agricultura dominicana consiste en fortalecer precisamente esos vínculos. Producir más y mejor, sí; pero también encontrar quién transforme, quién compre y quién lleve esa producción hasta mercados capaces de reconocer su valor. Al final, la verdadera fortaleza de un sistema agroalimentario no se mide únicamente por cuánto produce el campo, sino por cuánto valor consigue generar desde la tierra hasta la mesa.

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