ECONOMÍA

En Diálogo del BID, el gobierno destaca las condiciones bajo las cuales RD puede promover la competitividad y el desarrollo regional

Los ministros de Hacienda y de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Magín Díaz y Yayo Sanz Lovatón, respectivamente, destacaron las ventajas estratégicas de la República Dominicana para contribuir al fortalecimiento de la competitividad y la integración económica de Centroamérica y el Caribe, durante un encuentro regional celebrado en Ciudad de Panamá.

Ambos funcionarios participaron en el Diálogo Ministerial: conectividad e integración para una región más competitiva, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), espacio que reunió a ministros, autoridades gubernamentales, representantes del sector empresarial y organismos internacionales para analizar desafíos compartidos y buscar respuestas coordinadas entre los países de Centroamérica, Panamá y República Dominicana.

Durante las jornadas del 11 y 12 de agosto de 2026, la delegación dominicana puso sobre la mesa las condiciones que convierten al país en un punto estratégico para el comercio, la inversión y la conexión con los mercados internacionales. Entre esas ventajas figuran su ubicación geográfica, la seguridad jurídica, la aplicación de políticas públicas orientadas al desarrollo, además de una amplia conectividad aérea y marítima.

A estos factores se suma el comportamiento de la economía dominicana. Según lo expuesto durante el encuentro, el producto interno bruto registró un crecimiento de 4.5 % durante el primer semestre del año, una expansión que se mantiene por encima del promedio regional y que refuerza la posición del país dentro de un escenario económico internacional marcado, precisamente, por la incertidumbre.

Para Magín Díaz, la ubicación geográfica dominicana adquiere todavía mayor valor en un momento en que las empresas internacionales buscan acercar sus cadenas de producción a los grandes mercados consumidores. El fenómeno conocido como nearshoring abre una ventana de oportunidades para los países de la región, especialmente por la cercanía con Estados Unidos.

Díaz intervino durante la primera sesión del diálogo, titulada “Una agenda regional para fortalecer la conectividad, la logística y la facilitación del comercio”, donde subrayó la necesidad de aprovechar las ventajas existentes para responder a las transformaciones que está experimentando el comercio mundial.

«Creo que en esta era de nichshoring, cuando Estados Unidos está tan cerca uno del otro, Centroamérica y República Dominicana son la clave para aprovechar esta realidad y oportunidad comercial en un mundo de constante incertidumbre y cambio», afirmó.

La reflexión del ministro apunta a una realidad que el comercio internacional ya no puede ignorar. La distancia sigue importando, pero ahora también importan la velocidad, la seguridad de las rutas, la eficiencia de los puertos y la capacidad de mover mercancías sin convertir cada frontera en una carrera de obstáculos. Tener una buena ubicación ayuda; saber aprovecharla es otra historia.

En ese mismo escenario, Yayo Sanz Lovatón planteó que la región necesita transformar la manera en que administra sus fronteras y facilita el movimiento legítimo de bienes y personas. A su juicio, los mecanismos tradicionales de control deben evolucionar hacia sistemas capaces de identificar riesgos con mayor precisión, compartir información entre instituciones y reducir trabas innecesarias al comercio.

El ministro del MICM sostuvo que República Dominicana está preparada para participar activamente en esa transformación y contribuir a una agenda regional que permita construir una logística más integrada.

«República Dominicana está dispuesta a contribuir a la agenda regional propuesta en esta importante reunión. Estamos interesados en trabajar hacia una integración logística regional interactiva, multimodal y orientada a resultados», afirmó Sanz Lovatón.

La propuesta implica pasar de una visión fragmentada de la infraestructura y el comercio a un modelo en el que carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas digitales, aduanas y corredores comerciales funcionen como piezas de un mismo mecanismo. Porque de poco sirve contar con una excelente carretera si la mercancía queda detenida durante horas en el siguiente punto del recorrido. La conectividad, en otras palabras, no termina donde comienza la frontera.

Durante las intervenciones de los ministros dominicanos también fueron analizadas distintas prioridades económicas dirigidas a convertir la conectividad, la logística y la facilitación del comercio en instrumentos concretos para generar crecimiento, atraer inversión y elevar la competitividad de los países participantes.

La discusión adquiere especial importancia ante los cambios que atraviesa la economía mundial. Las interrupciones en las cadenas de suministro, las tensiones comerciales, los cambios en las rutas de producción y la búsqueda de nuevos destinos para las inversiones han obligado a los países a mirar más allá de sus propias fronteras.

En ese contexto, una región conectada puede tener mayores posibilidades de competir que un conjunto de economías que actúan de manera aislada. La integración deja entonces de ser solamente un concepto diplomático y pasa a convertirse en una herramienta económica.

El encuentro celebrado en Panamá forma parte de América en el Centro, un programa de desarrollo regional que agrupa a Centroamérica, Panamá y República Dominicana alrededor de problemas y oportunidades que trascienden las fronteras nacionales.

La iniciativa procura impulsar una región con mayores niveles de integración, productividad y capacidad de respuesta ante los cambios económicos. Para ello, contempla acciones destinadas a fortalecer la infraestructura, mejorar las conexiones entre los países, facilitar la incorporación a cadenas globales de valor y estimular nuevas inversiones.

Uno de los componentes esenciales del programa es precisamente la construcción y modernización de infraestructura regional sostenible. Esto incluye el fortalecimiento de corredores logísticos, la expansión y mejora de la conectividad energética y la creación de condiciones que permitan agilizar el comercio transfronterizo.

El objetivo final es facilitar que los productos puedan llegar con mayor rapidez y menores costos a los mercados internacionales. Al mismo tiempo, se busca crear un entorno atractivo para empresas que evalúan instalar centros de producción, distribución o servicios en la región.

Para República Dominicana, esta agenda representa una oportunidad particular. Su posición en el Caribe, su conexión con Norteamérica, Centroamérica y otros mercados, junto con el desarrollo de su infraestructura logística, colocan al país en condiciones de desempeñar un papel más activo dentro de las nuevas cadenas internacionales de producción.

La apuesta también supone aprovechar el crecimiento de sectores que ya tienen presencia significativa en la economía dominicana y crear condiciones para que nuevas actividades productivas puedan integrarse a mercados externos.

En el fondo, el mensaje llevado por los ministros Díaz y Sanz Lovatón al encuentro del BID fue claro: la competitividad regional no puede construirse únicamente desde cada capital. Requiere coordinación, infraestructura compatible, intercambio de información y reglas que permitan que el comercio avance con menos obstáculos.

La República Dominicana, según lo planteado por sus representantes, está dispuesta a formar parte de ese esfuerzo y a aprovechar sus propias fortalezas para contribuir a una región más conectada.

El desafío, sin embargo, será convertir las ventajas geográficas y económicas en resultados concretos. Una ubicación privilegiada es como tener una puerta frente al camino: ayuda bastante, pero no sirve de mucho si nadie se decide a abrirla.

Por ello, la agenda regional planteada en Panamá coloca sobre la mesa una tarea de largo alcance: construir sistemas logísticos más eficientes, fronteras inteligentes, infraestructura sostenible y mecanismos de cooperación que permitan a Centroamérica, Panamá y República Dominicana competir con mayor fuerza en una economía mundial que cambia de rumbo con notable rapidez.

Si esa integración logra pasar de los discursos a los corredores logísticos, de los acuerdos a los procedimientos interoperables y de las buenas intenciones a las inversiones concretas, la región tendrá ante sí una oportunidad considerable para mejorar su productividad, atraer capital y participar con mayor peso en las cadenas globales de valor.

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